El culebrón político continúa.
-¡1º de Mayo, Líber! ¿Te acordás la última vez que fuimos a la costa? Eras chiquita, y en esa semana habían pasado algunas cosas. Todo empezó cuando el gobierno dejó de subvencionar las tarifas de servicios públicos:
-¿Cómo que está bien? Si el mes pasado consumí lo mismo y pagué la mitad? ¡¿Qué quiere decir que cambió el índice?!-
La empleada echó una mirada aburrida, como si tuviese delante la centésima composición tema “la vaca”.
-¿Ve señora? Antes el índice era 0,4567 ctvs el kw, y ahora es 0,0456x”35%/16, 45ª/89º dividido por la fecha de fundación del ENRE x kw. O sea, la cuenta está bien. ¿Entendió?
-La verdad que no…
-Eh…, tengo gente, señora ¡El que sigue! ¡Vamooos…!
-Pero es que yo quisiera saber…
-Señora, estoy trabajando- me largó con ese tono exclusivo de los empleados públicos.
-Hay un libro de reclamos. Si quiere…- faltaba agregar “total”…- También puede consultar por Internet.
Me extendió un tarjetón de la empresa que decía:
EDESUR: www.sinopagastelacorto.com.ar
Empecé a marearme. Fui al médico, que me dijo:
Esperanza, estás re-pasada. Tomáte esto, y andáte unos días de vacaciones, Espe.
-¡Qué Espe ni Espe! Yo no voy a permitir que nadie me recorte más.
-¿Ves lo que te digo?- Y me extendió la receta, y me fui.
-¿Cómo que tengo que autorizar la receta?- le dije al farmacéutico. De nuevo me fui
-Vengo por una autorización-le dije a la empleada de la Obra Social.
-Puede pasar a retirarla mañana. La tiene que autorizar el auditor.
-¡Pero la necesito ahora!
-No puedo hacer nada, señora. ¡El que sigue!- Una vez más, me fui.
-¡¿Qué?!- grité en la farmacia- ¿$130 dos medicamentos? ¡Cómo que no me ponga nerviosa! ¿Para qué cree que son estas pastillas?
No sólo el doc.; todos los que me decían que estaba desbordada, tenían razón. Así que empezamos a cargar en el auto la sombrilla, la heladerita, las cartas, los dados, el Scrabel, el Burako, y todos los posibles sustitutos del cine, el teatro, los jueguitos, los barquillos, el pochoclo, y todos esos etcétera que poblaban las vacaciones de una especie en vías de extinción que estaba asistiendo a su propio entierro: la clase media.
Partimos.
Como una autómata iba repitiendo en el auto: “Pagué la luz, el teléfono, el cable, Internet, la patente del auto, municipal, monotributo, ingresos brutos, jubilación, rentas, cochera, obra social…”
Vos eras muy chica, Liber. Pero igual me dijiste:
-Dale, ma, cortala.
-Empecé a decirme: “tranquila, yo puedo, Om, veo una playa con palmeras, arena blanca, respiro profundo…”
Entonces lo vi. Ruta 2, mano derecha yendo hacia la costa.
¿NO SE OLVIDÓ DE PAGAR NADA? ARBA.
Entonces empecé a agitarme y a temblar de una manera descontrolada. Me hice pis. Me tiraron en el asiento trasero. Vos y tu hermano me secaban la espuma que largaba por la boca con un rollo de cocina. Escuché que alguien decía: “ponele una azul debajo de la lengua. Mejor, dos.” Me calzaron el bozal que llevábamos siempre para casos como este.
Antes de dormirme pensé que esto era obra de Santiago, antes de su canonización. Me despedí con un tierno recuerdo
para él, su mamá y su hermana.
Es lo último que recuerdo.
Fue el día que me internaron por primera vez.
Tina Bouciguez
En un intento de recordar.